Nuestro paso por Mendoza

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Una de las imágenes mas lindas del viaje que quedo sellada en mi memoria definitivamente fue llegando a Ranquil Norte el primer pueblito Mendocino al que entramos.
Estaba atardeciendo y como siempre después de algunas subidas había llegado el momento de bajar, situación que transforma a cualquier ciclista en un eufórico y demente total, ubicando el cuerpo y la sonrisa en el lugar exacto para que la gravedad haga de lo suyo.
El ultimo envión me dejo al final de esa bajada totalmente despeinada y con los niveles de adrenalina de una nena de 8 años. Para cuando finalmente la euforia dio paso al disfrute sereno de la mujer de 31,  pude empezar a distinguir el lugar en donde me encontraba.
Me rodeaba un desierto de arena, de tonos rojos marrones y naranjas, en medio de el se levantaba un volcán bellisimo….El Payun… dije entre susurros, sin lograr desviar la mirada. El sol se escondia entre nubes y los rayos de luz picaros buscaban algún rinconcito por donde filtrarse….La Payunia…repetí con las voz cada vez mas clara como despertando de un sueño, un sueño donde las bajadas surcaban rutas galácticas para dejarte en medio de algún planeta extraño y maravilloso.
Mire para atrás buscando a Javi y entonces lo vi, venia riéndose, con el viento en la cara y el cuerpo completamente entregado a la bici que bajaba a toda velocidad. Tenia su cara especial, esa que yo después de tantos años ya había aprendido a distinguir. Se la habia visto en la cumbre de alguna montaña, sacando una foto, en una tarde frente al mar o simplemente jugando con Haluro nuestro perro. Le nacía así de repente como si en aquellos momentos le fuera imposible contenerse y la alegría le desbordaba los ojos y una felicidad infinita le conquistaba los gestos.
Javi se dejaba caer por aquella bajada mientras atardecía en medio de un planeta extraño y maravilloso y yo intentaba guardarlo para siempre en mi.

Así entrabamos a Mendoza, intuyendo que nuestro paso por esa provincia iba a dejar marcas difíciles de olvidar.

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Hubo una mañana en una comisaría de Bardas Blancas en la que Luis nos abrió las cortinas de su ventana para mostrarnos que afuera todo se había vuelto blanco, estaba nevando y nosotros salimos a pedalear mas ansiosos que de costumbre, con las narices rojas y los pelos de copos.

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Hubo 15 días de Malargue mientras Ramón nos volvía unos profesionales en eso de hacer casas de barro entre meriendas de pan casero, dulce de leche y largas charlas con amigos.

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Hubo 3 días de viento zonda y -13°bajo cero en medio de la nada, en los que La tía Gringa y Chiquita nos refugiaron en su puesto de campo para engordarnos con guisos de gallina, pastelitos y guitarreadas. Para abrazarnos entre lagrimas mientras nos despedían. Para demostrarnos que el ser humano es mucho mas que egoísmo y ambición.

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Hubo Tunuyan y los chicos de defensa civil con sus paseos, carnes a la olla y risas. Con bocinas y sirenas que nos escoltaron al partir.

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Y Hubo una hermosisima familia Guajardo en una mesa larga de domingo, llena de chistes, cariño y abrigo de hogar.

005 003Así que si hoy en día me pidieran que resuma Mendoza en una palabra, cerraría los ojos e intentaría encontrarla en los recuerdos. La buscaría entre guerras de barro, abrazos profundos, pies alrededor del fuego, palabras maravillosamente sencillas, miradas, sonrisas y gestos. La buscaría sin nombres, idiomas, ni caminos. Y seguramente entonces la piel se erice y entre suspiros que laten surja sola, para contarme sobre lo verdadero e indispensable. Para llamarse AMOR.

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