Cabo Virgenes y un hechizo de por vida

Cabo Virgenes

El dedo apoyado en el mapa marcaba nuestro próximo destino, la puntita de un continente, el km 0 de la 40, el final para algunos y el inicio de aquella ruta tan deseada para nosotros.

Cabo Vírgenes era el lugar esperado, el dedo había buscado infinidad de veces antes aquel punto en el mapa, porque el viaje empezaba en Ushuaia, pero la 40 en esa pequeña punta donde la tierra se volvía Océano.

Lo imaginábamos bello, con su faro y su mar. Virgen como su nombre, desolado y salvaje.Aquel lugar nos llamaba de una forma incomprensible. Brujería, hechizo, hipnotismo. No era cosa de la razón, habitaba en los otros lugares, junto al nudo en la garganta y los pelos erizados, crecía a la par del brillo en los ojos y se alimentaba de sueños fantásticos e irreales. Para nosotros Cabo Vírgenes no era un lugar donde llegar sino principalmente un lugar por descubrir.

Salimos de Rio Gallegos rumbo al Cabo y ya sumábamos el segundo intento. Habíamos tratado de pedalear el mismo camino el día anterior, pero el viento nos tiraba de las bicis decidido y para esas alturas ya entendíamos rápidamente el mensaje. Media vuelta y a esperar que calme. Hoy quería ser viento y así había que aceptarlo.

Para cuando al siguiente día toco el segundo intento, lo agarramos cansado y dócil, cada tanto nos gritoneaba entre ráfagas que hacían tambalear las bicis, pero enseguida se agotaba y continuaba entre susurros y brisas placenteras. Durante  todo el trayecto el camino nos mantuvo bastantes entretenidos, la consigna era buscar la huellita ideal que frene aquel incesante rebote. Zigzagueábamos a lo largo y ancho de la ruta, investigando minuciosamente el terreno….yo lo seguía a Javi porque me parecía que por ahí ya la había encontrado….Javi me seguía a mí porque aburrido abandonaba su búsqueda….y así pasaban las horas y los kilómetros al ritmo del rebote, mientras la 40 nos daba la bienvenida. Después de unos 70 km y varias paraditas a relajar los músculos, llegamos hasta Estancia el Cóndor, una de las tantas propiedades que Benetton tiene por la zona, el lugar es como una villa sacada de cuento con todas las casitas iguales y perfectas. Nosotros entramos a pedir agua y acampamos reparados bajo unos arbolitos que están justo enfrente. Atardecer para el alma, panza llena y a dormir.

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Nos quedaban unos 60 km por recorrer hasta llegar al tan esperado Cabo Vírgenes, el día estaba gris y lluvioso y los rebotes continuaban inagotables, pero faltaba poco y el entusiasmo también nos rebotaba el cuerpo. Íbamos a los saltitos disfrutando de la estepa y cada tanto como siempre  Javi paraba a charlar con algún grupo de ovejas que lo miraban curiosas desde lejos, hasta que lo incomprensible de aquellos sonidos terminaban por asustarlas tanto que escapaban despavoridas para todo lados, huyendo de ese cicloturista y sus ruidos mitad hombre mitad algo que él creía idioma ovino. Así veníamos entre rutina cicloturistica cuando después de una subida apareció frente a nosotros una escenografía de lo más extraña:

En medio de ese desierto de pastos bajos y nubes grises, se levantaba una construcción enorme con caños y chimeneas que escupían su humo negro y espeso. La ruta atravesaba esa industria inexplicable que se aparecía como si nada en el medio del camino y nosotros pedaleábamos lento  entre camionetas que iban y venían de un lado al otro, sonidos metálicos, ruidos de motores, inmersos de pronto en aquella ciudad del petróleo que no habíamos buscado.Después del primer shock de asombro e incredulidad, entendimos un poco la situación y las piernas empezaron instintivamente a acelerar la marcha. Dejamos atrás a los hombres con sus chimeneas de humos y volvimos de a poco a la charla con ovejas y la mirada en el horizonte y así casi sin darnos cuenta el camino se fue terminando y Cabo Vírgenes por fin apareció ante nosotros.

Había dejado de lloviznar y pedaleamos hasta el faro disfrutando de toda esa alegría contenida que nos invadía el cuerpo. Estábamos en lo alto de un acantilado mirando aquel mar infinito y salvaje que tanto nos había esperado, uno junto al otro, en silencio, asimilando aquel presente que olía a mar y sueños despiertos. Justo entonces un arco iris con sus violetas y naranjas apareció por detrás del faro, para saludarnos quizás pensamos, para agradecernos, por haber podido creer en hechizos y brujerías, por haber salido a buscar por donde llamaba el corazón.

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Una tarde de emociones dio paso a una noche estrellada y sin signos de viento. Contentos y con el entusiasmo exacerbado, decidimos armar la carpa justo frente al mar. Solo imaginar despertando frente a ese mar se nos caía la baba. Pero a veces las emociones bloquean el sentido común y lo que imaginamos como un inolvidable amanecer se volvió una madrugada también inolvidable pero en otros aspectos. Tan solo unas horas después de acostarnos don viento regreso renovado y de los más chistoso, estaba bien, se la habíamos dejado muy fácil. La carpa insistía en levitar y salir rodando, Javi gritaba, yo gritaba, la cosas volaban a su antojo, entre dormidos tropezábamos de un lado para el otro con los ojos, la nariz y cada agujerito del cuerpo repleto de arena, y el viento claro se descostillaba de risa, soplando cada vez más y más fuerte. Cuando después de un largo rato logramos apropiarnos de todo nuestro equipo y mantenerlo en un mismo e inamovible lugar, esperamos a que amanezca y nos fuimos a refugiar entre los acantilados para embromar al viento y la arena. Estábamos calentando el agua para el mate cuando Javi vio algo que se movía entre las olas, una Tonina overa!!!! grito, y corrimos hasta la orilla para lograr verla de cerca antes de que se pierda en el Océano. Para cuando nuestros pies rozaron el final de una ola, aquella tonina jugaba a los saltos frente a nosotros y todo podría haber terminado ahí, en un arco iris detrás de un faro en el fin del continente, un delfín saltando mientras amanece y el mojón 0 de la ruta 40, podría haber terminado en eso y aun así nos hubiéramos sentido muy afortunados de haber llegado hasta esa punta del mapa. Pero como les contamos Cabo Vírgenes era brujería, hechizo, magia y estaba empecinado en mostrarnos todo su potencial. Porque aquel mar frente a nosotros se convirtió en todo un acto de acrobacia marina. Cientos de Toninas overas saltaban, caían y volvían a saltar, lo hacían en grupos o de a una, cerca, lejos, a lo ancho y largo de toda la playa. Donde miremos estaban ellas jugando para nosotros, saludándonos entre piruetas. Primero gritamos desaforados corriendo de un lado al otro con las sonrisa estallada, sabiéndonos despiertos pero creyéndonos dormidos, en trance, inmersos en un sueño de mares vírgenes, faros y delfines saltando al amanecer. Después, cuando sentimos el agua fría en los pies mojados, cuando el viento nos volvió la sonrisa de arena sin que dejemos de sonreír y los ojos se llenaron de una humedad conocida, por fin entendimos que nunca habíamos estado mas despiertos que esa mañana.

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Luego de varias horas de empacharnos entre mates y mares de delfines que saltan, nos fuimos a buscar algún lugar reparado donde armar la carpa, convencidos de que el día ya no podía ser mejor, pero Cabo Vírgenes recién había empezado a desplegar sus trucos.

Llegamos hasta el puesto de la armada y los chicos nos invitaron para que los acompañemos a prender el faro. Subimos por una escalera infinita descubriendo en cada paso las entrañas de aquel faro que tantas veces habíamos visto en fotos y relatos. La luz giraba en su centro y yo lo miraba a Javi, ahora luz, ahora oscuridad, había lupas, engranajes perfectos, los sonidos eran metálicos pero hermosos, algo se movía fusionando esto y lo otro y ahora luz y ahora oscuridad. Estaba hipnotizada, los chicos de la armada nos contaban la historia del faro, su función y mecanismo. Yo no lograba escucharlos, creo que si ese día me hubieran dejado sola entre las entrañas de aquel faro de luces y sombras, aun hoy estaría exactamente en la misma posición atontada y con la mente en blanco. Javi me llamo algunas veces y volví. Salimos por una puerta de vidrio y el viento me dio en la cara despabilandome definitivamente. Nos paramos en un pequeño mirador desde lo alto del faro, podíamos ver el mar completo mientras la tarde se despedía con sus rosas y violetas a los que nos tenia acostumbrados. La luz ahora impactaba en el océano, en el cielo y mas allá, entonces los cuatro nos quedamos en silencio, otra vez dudaba de mis ojos abiertos, de la brisa en la cara, de los sueños despiertos. Podía ser un cuento imaginado, escrito hermoso y perfecto y quizás después hasta película con la fotografía exacta y cada plano pensado meticulosamente. Pero no era cuento, película, ni imaginación. Solo era Cabo Vírgenes en su estado mas puro.

Para completar aquel día inolvidable los chicos de la armada nos invitaron con puchero, comimos calentito, compartimos nuestras vidas entre charlas y nos fuimos a dormir agradeciendo cada segundo, momento y decisión que nos habían permitido llegar hasta ese presente.

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Cuando amaneció ya teníamos decidido quedarnos un día mas para darle el cierre merecido a tan increíble experiencia. Nos habían contado que a tan solo algunos kilómetros caminando por la playa podíamos encontrar una pingüinera, donde según nos decían habitaba una gran cantidad de pingüinos Magallanicos. Mochilas al hombro, mate, alguna fruta y a caminar. Nos dijeron “acá cerquita” y después de caminar un rato entendimos que eran de esos “acá cerquita” que tantas otras veces nos habían frustrado. Después de andar por la playa mucho tiempo mas de lo imaginado aun no lográbamos ver ni un solo pingüino…. ¿sera que se fueron? ¿si fueran tantos como dicen ya tendríamos que ver alguno no? ¿Cuanto mas lejos pueden estar? Dijeron “acá cerquita”esos cálculos tienen que tener un limite de error y nosotros ya lo duplicamos….¿donde se metieron los miles de pingüinos Magallanicos?…. Seguramente la distancia no fue tanta como en ese momento sentimos, pero la ansiedad por encontrar una playa repleta de pingüinos complicaba un poco la paciencia. Con la vista clavada adelante intentando ver algo que indicara “pingüinos cerca” seguimos avanzando. A lo lejos comenzamos a ver la playa cubierta por rocas en todo su largo y ancho, completamente cubierta por pequeñas rocas. Pero las rocas parecían moverse….Son pingüinos!!! dijo Javi…no, no puede ser, son rocas Javi, no ves la cantidad? tiene que haber millones…Pero las rocas fueron tomando forma y movimientos. Primero logramos ver a unos cuantos corriendo y revolcándose desesperados para llegar al mar apenas quisimos acercarnos.Algunos pasos mas adelante ya eran cientos, caminábamos entre miles de pingüinos Magallanicos espantados ante nuestra presencia. El ambiente se lleno de sonidos que no conseguíamos descifrar ¿cantaban?¿gritaban? ¿estarían hablando? Muchos de ellos se paraban erguidos, el pico en alto y comenzaban con su ritual sonoro. Eran bellisimos, graciosos, torpes y se comportaban como una gran e inmensa familia, apenas uno de ellos nos divisaba con sus ojitos de costado, avisaba al resto del peligro y la carrera de corridas chuecas y revolcones hacia el mar volvía a empezar una y otra vez. Intentábamos quedarnos quietos, caminar lento, explicarles que lo ultimo que queríamos era lastimarlos, pero no había forma, de pronto hacíamos algún leve movimiento y salían espantados, cientos de pinguinos corrían despavoridos, desplumándose y haciéndonos sentir unos gigantes malignos e invasores.

Nos escondimos entre unos matorrales y permanecimos inmóviles durante un largo rato. De a poco la curiosidad le gano al miedo y se fueron acercando lentamente, miraban para un lado y para el otro, nos investigaban, permanecían a una distancia prudente, chusmeaban y continuaban su camino. Estuvimos entre pingüinos toda la tarde, casi sin hablar, moviéndonos muy poco y simplemente disfrutando de ese nuevo mundo enano, chueco y con pico que nos autorizaba delicadamente y en silencio a conocerlo.

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Hoy en día cuando por alguna razón nombramos Cabo Vírgenes, la piel se eriza y algo increíble sucede. Serán ilusiones, trucos mentales, sera tal vez que la magia no existe, que solo jugamos a ser niños, o que preferimos nunca dejar de jugar aunque no lo seamos. Seguro podrán encontrar cantidad de razones lógicas para explicarnos que en un mismo momento en la puntita del continente donde la tierra se vuelve Océano, hubo un atardecer de arco iris, cientos de defines danzando, playas pobladas por pingüinos cantores y las entrañas de un faro entre luces y sombras. Y entonces quizás los escuchemos respetuosos sin prestar demasiada atención, porque en la mano nos crecen plumas y algo como un pico nos tapa la nariz y nos alejamos caminando chueco, justo cuando el sol se esconde y una ola nos choca de frente, para dejarnos flotando boca arriba, mirando hacia el cielo y pensando, que hay cosas que ningún hombre jamas va a lograr entender con la razón.

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4 Comentarios

  1. Que hermoso relato!!no podría estar mejor escrito..viaje con ustedes! :)
    Buenas rutas y sigan así de positivos!


    • Uyyy muchisimas gracias Juli!!! Da realmente una gran alegria poder compartir estos momentos y experiencias que para nosotros dejaron tanta huella.....Abrazo enorme!!!

  2. Es maravilloso chicos, ya lo he leído tres o cuatro veces, las fotos hermosas!!


    • Cabo Virgenes es ufff increible!!! Muchas gracias Ariel!!! Abrazo grande!!!

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