El Chalten

Desde que dejamos Ushuaia no había viajero que nos crucemos en el camino, que no intente explicarnos en forma insistente la necesidad u obligación irrevocable de entrar a conocer El Chaltén, a lo que nosotros rápido y para tranquilizarlos les respondiamos que el Chalten ya hacia rato estaba entre nuestros planes. Porque El Chaltén no era solo un pueblito perdido en la Cordillera, sino fundamentalmente era el lugar donde Evan mi gran amiga junto a Bob su pareja y Tiara, mi ahijada, habían elegido comenzar su vida hacía algunos años. Y yo ya lo quería sin conocerlo, amaba sus montañas , sus bosques , sus ríos, simplemente porque los amaba a ellos.


Aunque nuestra relación previa con este mágico lugar no terminaba ahí, resulta que en algún momento a mi apasionado padre se le había ocurrido en  sus vacaciones un par de años atrás visitar esta ciudad  y desde entonces se había vuelto su fan, con todo lo que ser un fan significaba, no había lugar en el mundo que se comparara con El Chalten, nos hablaba durante horas y horas y horas seguidas, de sus senderos, sus montañas, de la casita de chocolates y sobre todo de sus descomunales vientos y clima. Solo nombrar aquella palabra que intentábamos evitar cuidadosamente “Chalten” los ojos empezaban a brillarle de una manera extraña y su relato volvía a comenzar una y otra vez.  Dos cosas estaban bien claras, que había que conocer sin dudas ese pequeño pueblo generador de tantos sentimientos inexplicables en las personas y que cuando a Jorgito le gustaba algo no tenía punto medio.
Pero cuando le comunicamos contentos que en nuestro viaje por la 40 teníamos pensado desviarnos para entrar a conocer el tan magnífico Chalten, mi papa sin siquiera dudar nos dio un claro y rotundo veredicto: “Entrar al Chalten en bici es imposible chicos”. En ese momento no le dimos mucha importancia al asunto, pero con el tiempo entendimos que esa frase había quedado rebotando en nuestras cabezas.
Habíamos decidido recorrer el país de punta a punta en bicicleta, pero estábamos llenos de miedos y ansiedades y la palabra imposible no ayudaba demasiado. Si no podíamos entrar a El Chaltén en bici por el viento ¿como íbamos a poder recorrer los cientos de kilómetros por los que se extendía la ruta 40 en Santa Cruz?
Nuestra respuesta fue la única posible, íbamos a entrar a El Chaltén pedaleando, para entre muchas otras cosas recordarle a mi papa lo que en tantos otros momentos y situaciones el me había enseñado. Con tiempo y perseverancia no existen los imposibles.

Para nuestra sorpresa el viaje desde El Calafate a El Chaltén tuvo muy poco de dificultad y mucho de disfrute, se sumaron a nuestro recorrido Pedro de Brasil y Andrej de Eslovaquia, dos ciclistas que hoy son amigos y que volvieron esos  kilómetros de viento y sufrimiento, unas perfectas vacaciones de treintañeros adolescentes. Cantábamos, jugábamos carreras, reíamos, reíamos y reíamos. Nos habían tocado unos días de sol poco frecuentes, entrabamos a El Chaltén en bicicleta y el Fitz Roy nos daba la bienvenida inmenso, hermoso y despejado ante nosotros. Después cuando la cosa se puso un poco complicada y el viento realmente empezó a molestar, fuimos un poco más lento, paramos a comer más veces de las debidas, nos ayudamos entre los 4 y llegamos al mirador agotados pero con la sonrisa estallada, para quedarnos los cuatro en silencio mirando aquel pueblito durante un largo rato, hasta que Pedro o su estómago hablaron y tan solo con dos palabras “panaderia y facturas” nos despabiló, hizo que montemos a nuestras bicis y a toda velocidad bajemos al pueblo para frenar en el primer negocio que encontramos y acallar las tripas.

 

Lo próximo fueron los abrazos infinitos, la alegría del reencuentro, el hogar calentito, la familia. Estábamos en casa. Casi no nos habíamos acomodado en aquella linda y pequeña alpina que sería nuestra morada por 15 hermosos días y Evan ya tenía el mapa desplegado en la mesa, mostrándonos senderos, programando eufórica y sin ocultar su entusiasmo, los días de caminatas, escalada, lagunas, glaciares, Chalten y mas Chalten, que nos esperaban. Había tanto por hacer y ella quería mostrarnos todas las opciones, recorriendo con el dedo líneas, puntos y dibujos.
Con el correr de las horas y el pueblo, después de pasear por sus callecitas, de mirar por la ventana de la cocina y quedar boquiabiertos lavando los platos , de cruzarnos con personas de todas las edades caminando sonrientes con sus bastones de trekking, de ver gente colgada en rocas pequeñas, grandes y paredones inmensos, fue que comprendimos que El Chalten había logrado conquistar y cautivar a dos nuevos mortales y que después de todo al final Don Jorge no había exagerando.
El pueblo es pequeño, cálido  y se encuentra dentro del Parque Nacional Los Glaciares, está rodeado por montañas rocosas de formas increíbles y bosques de una belleza extraordinaria, los senderos te llevan en medio de ellos atravesando arroyos, cascadas, enamorándote a cada paso hasta finalizar alguno de sus recorridos en una laguna glaciaria de colores esmeraldas y turquesas , con el glaciar que le da origen sobre ella y la montaña magnifica por detrás entre nubes de formas imposibles. Así es Chalten una sorpresa constante, un sopapo de la naturaleza que te agarra desprevenido y te deja inmutable y con la misma cara de pasmado durante horas.
Su clima no siempre es el que desearíamos, se encuentra en medio de la Cordillera a tan solo algunos kilómetros de los hielos Continentales y eso por supuesto se hace notar. Muchas veces nos despertábamos con el cielo completamente despejado, a puro sol , pero las cosas no son tan claras por esos lados donde la naturaleza se impone indiscutiblemente y quizá en el tiempo que tardaste en ponerte la mochila al hombro o en esperar que caliente el agua para el mate, todo ahí afuera había cambiado, cualquier cosa podía pasar, frió, ráfagas de viento descomunales, lluvia, nubes, niebla, para el clima cualquier cosa es valida en El Chalten.

 

 

 

Por eso siempre que nos preguntan aparte de recomendarlo tan enfática e insistentemente como lo hacían con nosotros , también aclaramos que se tomen su tiempo en este pueblito, nosotros estuvimos 15 días y no llegamos a hacer ni una cuarta parte de todo lo que propone para recorrer. Llegar hasta El Chalten para permanecer tan solo 2 o 3 días es a nuestro parecer todo un desperdicio de oportunidades.

 


INFO ÚTIL

  • Los senderos y lugares por donde realizar Trekking son muchos y varían en dificultad. No es necesario ser un experimentado de la montaña para disfrutar de este pedacito de la Cordillera. 
  • La mejor temporada para recorrerlo es entre Diciembre y Marzo ya que luego el clima se torna mucho mas hostil y comienzan las nevadas y los grandes fríos.
  • Las caminatas son absolutamente gratuitas, no se cobra entrada al Parque por la simple razón de que el pueblo se encuentra dentro de el. Siempre hay servicios de guías en caso de querer contratarlo, pero no es indispensable ya que los senderos clásicos están perfectamente señalizados.
  • Hasta hace muy poco tiempo el pueblo no contaba con señal de celular, pero eso ya se vio modificado y hoy en día cuenta con una antena de la empresa movistar en funcionamiento.

 

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Un comentario

  1. El Chalten es un lugar maravilloso, y si además tenés la oportunidad de llegar hasta el Lago del Desierto, por el camino que sigue el valle del río de las Vueltas, cartón lleno: has visitado uno de los lugares más bellos del Sur de nuestro país.

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